ἄροτρον - aratrum

Parece que los griegos tuvieron desde tiempos antiguos diversos tipos de arados. 

Hesíodo aconseja al agricultor tener al menos dos arados, de modo que si uno se rompe, el otro esté preparado para usarlo; que sean de dos clases, uno llamado αὐτόγυον porque en su cola (γύης) tenía el mismo tipo de madera en la parte dentada (ἔλυμα) y en la esteva (ῥύμος, ἱστοβοεύς); y el otro tipo de arado llamado πηκτόν, compacto, ya que las tres partes antes mencionadas, que eran de tres tipos diferentes de madera, se ajustaban unas a otras y se sujetaban entre sí por medio de clavos (γόμφοισιν) (cf. Hom. Il. X.353, XIII.703). 

Para formar un arado de la primera clase (αὐτόγυον) había que tomar un árbol joven con dos ramas en direcciones opuestas, de modo que el tronco sirviera de esteva (ῥύμος), una de las ramas hacia arriba se convirtiera en cola (γύης) y la otra rama, penetrando en el suelo y en ocasiones cubierta con bronce o hierro podía servir como reja (ὑννις).

 
Hay otro arado que se seguía usando en Misia hasta hace poco, según lo descrito por Mr. C. Fellows (1838), aunque es un poco más complicado que el anterior. Está compuesto por dos piezas en lugar de una sola. Tiene una mango (ἐχέτλη) que se inserta en uno de los lados de la pieza más grande. Según dice este viajero, a cada parte del arado se le sigue llamando con el nombre griego antiguo y añade que parece apropiado para suelo ligero, que se conduce con una sola mano, que la forma de la reja (ὑννις) varía y que a menudo el arado se usa sin reja. Lo tiran dos bueyes uncidos por la esteva (ῥύμος), conducidos por un palo largo y delgado (κάτρινος) que tiene un raspador al final para limpiar la reja. 

Otro viajero de la misma época (Hobhouse) habla sobre los arados vistos en Grecia con descripciones que se acercan aún más al ἄροτρον πηκτὸν de Homero y Hesíodo. “Se compone”, dice él, “de dos piezas curvas de madera, una más larga que otra. La forma larga es la esteva (ῥύμος) y uno de sus extremos se une a la otra pieza a un pie (unos 30 cm) de la parte inferior, la divide en una reja que se recubre con hierro, y un mango. La reja, por otra parte, se une con un corto travesaño de madera. Se unen a la esteva los dos bueyes, sin más arnés que el yugo, y son dirigidos por el labrador, que tiene el mango en la mano izquierda, y el aguijón en la derecha.” 

La yunta y la esteva usadas antiguamente no difieren de los utilizados hasta hace poco. En la parte inferior de la esteva del arado compacto se añadió la cola que, según Hesíodo, se puede hacer de cualquier tipo de árbol (especialmente πρῖνος, es decir, encina o carrasca), pues su curvatura natural se ajustan a este uso. 

Los antiguos araban sólo tres veces, en primavera, verano y otoño del mismo año, aunque para obtener mejor cosecha podían arar hasta cuatro veces el mismo campo (τετράπολος). 

Cuando el labrador había terminado su jornada volvía el arado el instrumento al revés, y los bueyes e iba a casa arrastrando su cola y mango sobre la superficie de la tierra. 

 Normalmente tanto griegos como romanos usaban bueyes en la labranza aunque también podían servirse de mulas en suelos ligeros. El hecho de unir bajo el mismo yugo un buey y una mula (prohibido expresamente en la ley de Moisés) es motivo de burla en Plauto. También Ulises, cuando intenta hacerse pasar por loco para evitar ir a la guerra de Troya, unce un buey y un caballo juntos (Hig. Fáb. 95). 

 (Texto traducido y adaptado del Dictionary of Greek and Roman antiquities, de W. Smith)